Ayer, 29 de julio de 2026, Teresa Fernández Casado cumplió 113 años en Zambroncinos del Páramo, su localidad natal.
La supercentenaria leonesa, considerada la persona más longeva de España, recibió el cariño de sus familiares y vecinos en una jornada que incluyó una eucaristía de acción de gracias y la inauguración de una plaza con su nombre.

Siendo la mitad de mis orígenes de León y hallándome durante esos días en la provincia, me enteré de este acontecimiento por un cartel colocado en un tablón de anuncios.
Decidí acercarme como mero espectador para asistir a lo que considero un pequeño hito histórico de nuestra tierra y de nuestro país.
Mi presencia respondía, por tanto, al deseo de contemplar y conservar el recuerdo de un momento extraordinario.
Desde hace tiempo siento un especial interés por las historias de las personas mayores, guardianes de una memoria que con demasiada frecuencia desaparece sin quedar recogida.
Ese mismo interés me ha llevado a investigar y escribir sobre Juan Vaello “el Pintao”, pintor y poeta del Raval de Barcelona que también alcanzó los cien años en marzo de este mismo año y cuya biografía me encuentro preparando.
Dejo aquí constancia de lo vivido con la intención de que estas palabras y las fotografías que tomé contribuyan modestamente a legar memoria e información para la historia y la etnología de nuestra tierra.
Una eucaristía de acción de gracias por sus 113 años
A la una de la tarde, la iglesia parroquial de Zambroncinos se llenó de vecinos y familiares para acompañar a Teresa.
La celebración fue presidida por Luis Ángel de las Heras Berzal, obispo de León, y coincidió con la celebración en la Iglesia de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores.

Durante su homilía, el obispo recordó que aquella jornada no celebraba solamente una cifra excepcional, sino, ante todo, «el don de la vida».
Habló del amor recibido y entregado a lo largo de los años; del cariño de hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y vecinos; y de todas las personas que han cuidado y continúan cuidando a Teresa.
También defendió el valor y la dignidad de la vejez en una sociedad que tiende a privilegiar la juventud, la eficacia y la capacidad de producir.
La dignidad de una vida, recordó, no depende de todo aquello que una persona todavía puede hacer, sino de lo que esa persona es.
De todas sus palabras, hubo una reflexión que me pareció especialmente significativa:
«A una familia y a una comunidad se las conoce también por cómo cuidan a sus mayores. La plaza que vais a inaugurar esta tarde con su nombre es un testimonio de ese cuidado y también de ese reconocimiento».
El obispo relacionó además la celebración con los santos del día, Marta, María y Lázaro de Betania, presentando tres actitudes vinculadas a cada uno de ellos: servir, escuchar y esperar. Marta enseña a servir; María, a escuchar a Dios, a los hermanos y de manera especial a nuestros mayores; y Lázaro, a mantener la esperanza en la vida eterna.
La homilía concluyó pidiendo la bendición para Teresa, para su familia y para todo Zambroncinos del Páramo.
Finalizada la misa y todavía en el interior de la parroquia, los presentes le cantaron el cumpleaños feliz, en uno de los momentos más entrañables.
También se produjo una anécdota que despertó las risas de los asistentes. Una persona que tomó la palabra después del obispo se permitió hacerle una recomendación: que apuntase ya en su agenda el 29 de julio de 2027 para regresar a Zambroncinos. La invitación se refería a volver a celebrar, esta vez, los 114 años de Teresa.
La plaza Teresa Fernández Casado
Desde ayer, el callejero de España cuenta con un nuevo nombre: plaza Teresa Fernández Casado.
A las ocho y media de la tarde tuvo lugar el segundo gran acto del día: la inauguración de dicha plaza.

Severino Javier Grande Santamaría, presidente de la Junta Vecinal, agradeció la colaboración del alcalde del Ayuntamiento de Zotes del Páramo, Luciano Tomás Fernández Álvarez, así como el trabajo de sus compañeros de la Junta Vecinal y de quienes habían intervenido en las obras y en la preparación del espacio.
Pero el centro de sus palabras fue, naturalmente, Teresa. Además de sus 113 años, destacó también su amabilidad, su cariño, su ternura y su carácter maternal.
Recordó que Teresa convivió con los abuelos y los padres de los vecinos actuales, los vio nacer a ellos y ha llegado a conocer a las nuevas generaciones que hoy crecen en el pueblo.

Hizo saber que la plaza nace precisamente con el propósito de impedir que esa memoria se pierda.
Estas palabras me parecieron inspiradoras:
Los monumentos, los símbolos y los nombres de los lugares permiten que las generaciones futuras conozcan a quienes las precedieron. Cuando ya no estén Teresa ni quienes hoy fueron sus vecinos, la plaza seguirá pronunciando su nombre y conservando una parte de la historia de Zambroncinos del Páramo.
Durante el acto, el propio Severino leyó un poema que le encargaron leer, dedicado a la homenajeada.

Por su belleza y por su valor como testimonio de este día, lo reproduzco aquí:
Poema A Teresa Fernández Casado
En este día de sol radiante en el páramo leonés, los vecinos alzamos la voz para honrarte a ti, Teresa Fernández Casado, hija de Zambroncinos del Páramo, que con ciento trece años has visto pasar las estaciones de la vida como quien contempla la corriente de un río.
(Familia y vecinos de Teresa Fernández).
¿Cuántos amaneceres guardan tus ojos, Teresa? ¿Cuántas espigas segadas bajo el sol de julio? ¿Cuántas ovejas guiadas por cañadas y rastrojos? ¿Cuántas jornadas en que el sudor fue pan y el sacrificio se convirtió en esperanza?
Nunca buscaste honores ni riquezas. Tu mayor fortuna fue el trabajo honrado, la entrega silenciosa, la mano siempre tendida para los tuyos, el corazón dispuesto al esfuerzo, la abnegación hecha costumbre y el amor convertido en hogar.
Fuiste pastora cuando los campos reclamaban paciencia; labradora, cuando la tierra pedía fortaleza; madre, cuando tu familia necesitaba refugio; y ejemplo constante de sencillez, de dignidad y de perseverancia.
Tu memoria clara, durante todo este largo camino, ha conservado las voces de quienes ya partieron, los nombres de aquellos que caminaron contigo en años difíciles y días de grandes sacrificios. En ti ha vivido la historia del pueblo, la memoria del páramo, el recuerdo de generaciones enteras.
Quienes nacieron de tu amor rodean tu existencia con el mismo cariño que un día recibieron de tus manos. Tus hijos e hijas, sus yernos y nueras y tus queridos nietos velan por ti con ternura y gratitud, procurando que cada jornada conserve la paz y la felicidad que tanto sembraste.
Y mientras el tiempo sigue su lento paso, te encuentras ya en la cumbre de la montaña de la vida. Desde allí contemplas este mundo como un valle cubierto de neblina, cada vez más difuso para tu mirada, pero aún iluminado por la luz del cariño de cuantos te rodean.
Que el viento del páramo siga llevando tu nombre entre los fértiles cultivos del campo. Que Zambroncinos recuerde siempre a una mujer cuya vida fue ejemplo de fortaleza, y que quienes vengan después sepan que hubo una Teresa que hizo del sacrificio una virtud; del trabajo, una oración sin fin; y de la familia, el más hermoso de los regalos.
Porque la verdadera grandeza no siempre se escribe en los libros. A veces florece humildemente en una casa, en un rebaño, en un campo sembrado o en las manos de una mujer buena que, con ciento trece años de vida, permanece como el árbol más longevo de España: firme en sus raíces, inmensa en su sombra y eterna en la memoria de los suyos.
Con cariño de toda tu familia y vecinos.
El homenaje fue también un reconocimiento a una vida ligada al trabajo, al campo, a la familia y a un pueblo cuyas transformaciones ha contemplado durante más de un siglo.

Curiosamente, antes de concluir el acto se recordó que el domingo 2 de agosto celebrarían otro homenaje, esta vez dedicado a Marina, otra vecina que cumple 105 años.
Parece que estas tierras mantienen un pacto especial con la longevidad.
Esa fecha, además, habría coincidido con el centenario de mi propia abuela Carmen (en paz descanse), que habría cumplido cien años ese mismo día de no haber fallecido el pasado mes de junio, a los 99.






